Red Seguridad 112

116 red seguridad primer trimestre 2026 expertos Inspector jefe Juanjo García Destinado en la Comisaría General de Información de la Policía Nacional Coronel Luis Fernando Hernández Jefatura de Servicios Técnicos de la Guardia Civil Capitán Alberto Orduna Oficial de enlace de Guardia Civil en Europol. Joint Cybercrime Action Taskforce J-CAT, EC3 Los esfuerzos estratégicos en ciberseguridad y ciberdefensa deben centrarse en cinco ejes clave. Primero, la protección de infraestructuras críticas –energía, transporte o telecomunicaciones– frente a amenazas híbridas y sabotaje digital. Segundo, el re‑ fuerzo de capacidades de ciberinteligencia, esenciales para anticipar y responder a ataques de alta peligrosidad. En tercer lugar, la soberanía tecnológica, que permita reducir la dependencia exter‑ na en software y hardware. Cuarto, la mejora de la cooperación operativa internacio‑ nal para un intercambio de información ágil y en tiempo real entre Estados miembros, superando barreras legales y técnicas. Finalmente, la resiliencia social, combatiendo la desinformación y fortaleciendo la cultura de seguridad en ciudadanos y empresas. Desde la Policía Nacional trabajamos para fortalecer estos pilares, conscientes de que la seguridad es una responsabilidad compartida que solo se garantiza mediante la suma de esfuerzos y la unidad de acción entre instituciones, empresas y sociedad. España, en coordinación con la Unión Europea, debe focalizar sus esfuerzos estratégi‑ cos en ciberseguridad y ciberdefensa, entre otros, en cuatro ámbitos prioritarios. En pri‑ mer lugar, la trasposición e implementación integral de la Directiva NIS2, esencial para reforzar la resiliencia de los sectores esenciales y unificar los estándares de seguridad en el marco europeo. En segundo lugar, la ejecución plena de la Estrategia de Ciber‑ seguridad Nacional, con especial atención a la protección de infraestructuras críticas y al fortalecimiento de las capacidades de vigilancia, respuesta y continuidad operativa. Asimismo, ante la rápida evolución de la inteligencia artificial, resultan precisas in‑ versiones sostenidas en I+D, gobernanza algorítmica y sistemas avanzados de detec‑ ción, correlación y mitigación de amenazas. Por último, y ante el incremento de la guerra híbrida, es imperativo adoptar un enfoque multidominio que refuerce la coo‑ peración público‑privada, la coordinación europea y la anticipación frente a actores estatales y no estatales. La ciberseguridad es ya una prioridad estratégica en una Europa vulnerable por su dependencia tecnológica. En la actual realidad geoestratégica, el riesgo no es una hipótesis: el lobo habita entre nosotros como amenaza híbrida. Existen indicios de que actores estatales instrumentalizan élites técnicas para desestabilizar la región, desde la injerencia electoral hasta el sabotaje de infraestructuras críticas, sumado al impacto del cibercrimen como servicio. Europa busca blindarse mediante un marco regulatorio que impone la cibersegu‑ ridad por diseño y obligaciones estrictas a proveedores. En este escenario, urge un régimen de sanciones efectivas contra quienes eludan la jurisdicción europea. Sin embargo, la colaboración interinstitucional sigue lastrada por la dispersión de com‑ petencias. Mientras debatimos sobre la autoría de las amenazas –discutiendo si son “galgos o podencos”–, las fuerzas del orden y estructuras judiciales continúan sin herramientas ágiles para contener esta ofensiva.

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