Red Seguridad 112

114 red seguridad primer trimestre 2026 expertos Raúl Jiménez Jiménez Director-gerente de la Agencia Digital de Andalucía Juan Ramón Aramendia Coordinador del Navarra Cybersecurity Center José Ángel Álvarez Director del Centro de Ciberseguridad del Ayuntamiento de Madrid (CCMAD) Europa avanza con firmeza en ciberseguridad, consolidándola como un pilar estratégico del desarrollo digital. España parte de una posición sólida, gracias a un ecosistema dinámico de empresas, startups y organismos públicos. No obstante, persisten retos críticos: reforzar el desarrollo tecnológico propio, reducir las brechas de madurez territorial y mejorar la coordinación entre administraciones para avanzar con coherencia. Foros como el Congreso de Ciberseguridad de Andalucía son esenciales como espacios de encuentro para compartir estos desafíos. El siguiente paso es consolidar un enfoque proactivo donde la coordinación institucional, la homogeneización de criterios y el intercambio de información sean palancas reales de progreso. El foco debe centrarse en proteger servicios esenciales, reforzar la resiliencia y extender la cultura de seguridad –especialmente en pymes–, apoyándose en marcos comunes, métricas de madurez y colaboración efectiva entre lo público y lo privado. En un momento de crecientes tensiones geopolíticas, España y la Unión Europea deben centrar sus esfuerzos en el desarrollo de capacidades tecnológicas propias que aseguren independencia en ciberseguridad y ciberdefensa. Lo cierto es que talento no falta: España y Europa cuentan con investigadores de referencia, empresas innovadoras y centros especializados capaces de generar tecnología puntera y perfectamente competitiva en ciberseguridad. Sin embargo, para que estas soluciones evolucionen y alcancen madurez global, necesitan algo indispensable: adopción masiva en escenarios operativos. Pese a disponer de capacidades propias, las administraciones y empresas europeas continúan recurriendo de forma mayoritaria a soluciones procedentes de Estados Unidos o Israel, perpetuando dependencias que lastran su autonomía estratégica. La prioridad debería ser clara: impulsar la generación, la validación y la adopción temprana de tecnologías europeas, fortaleciendo un ecosistema soberano y competitivo. Europa y España llevan años hablando de soberanía digital, pero carecen de un plan estratégico conjunto, realista y con financiación suficiente, basado en el consenso político y el conocimiento experto. En un contexto geopolítico incierto, con dudas sobre nuestros aliados, la soberanía tecnológica y la ciberseguridad ya son pilares de la seguridad nacional. El problema, más allá de la fragmentación, es la falta de capacidades industriales propias. Dependemos de proveedores externos para proteger nuestros sistemas; sin una industria europea fuerte en tecnología crítica, la soberanía será solo discurso. Además, se están dilapidando fondos en proyectos con escaso impacto en el riesgo real: mucho compliance e innovación de escaparate, pero poca seguridad efectiva. Europa debe apoyar su industria, proteger infraestructuras críticas y desarrollar una ciberdefensa práctica. En este escenario, la inteligencia artificial puede cambiarlo todo: servirá para reforzar nuestra defensa o para multiplicar los riesgos.

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