38 red seguridad segundo trimestre 2025 monográfico ciberdefensa Y un detalle relevante: el MCCE es la única fuerza de combate que depende orgánicamente del Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD). Los ejércitos son estructuras que deben estar preparadas para cumplir su misión permanente de defensa del territorio y facilitar la fuerza que les solicite el JEMAD en cumplimiento de nuestros compromisos internacionales, normalmente en misiones de mantenimiento de la paz. Son estructuras donde a las unidades de la fuerza se suma el apoyo a esa fuerza (armamento, logística, formación, doctrina…) dirigidos por un cuartel general. No he elegido esas funciones al azar. Con 400 efectivos (un 0,3% del total de las Fuerzas Armadas), el MCCE es responsable de dotarse a sí mismo de esos apoyos al tiempo que cumple sus misiones. Nadie les hace la doctrina, nadie les proporciona formación, nadie les desarrolla el código de las ciberarmas. Se lo hacen todo ellos solos. A nadie se le escapa que la formación de un ciberguerrero en tareas defensivas, ofensivas o como analista forense, su adiestramiento continuo y la experiencia necesaria no se adquieren en unos meses y requiere de actualizaciones permanentes, dado que la tecnología no deja de evolucionar. Además, no es un personal que se pueda sustituir fácilmente. También sabemos que la ciberseguridad ya no es solo competencia de unos pocos. Todos los sistemas de armas, de inteligencia, de mando y control, etcétera, se soportan sobre sistemas informáticos, y garantizar la ciberseguridad de esos sistemas será esencial para obtener y mantener la libertad de acción en un campo de batalla. De igual forma sucede en el terreno ofensivo, donde pueden conseguirse efectos similares o parecidos a los cinéticos. A partir de ahora, las unidades de ciberseguridad se ponen a disposición del mando para alcanzar los objetivos marcados; por tanto, será necesario conocer el empleo de esta nueva fuerza y saber mandarla. Disponer de una doctrina clara, realizar un acertado planeamiento de sus misiones y ejecutar esos planes con una conducción eficaz, con unos procesos de mando y control engrasados, listos y entrenados, será fundamental para que funcione una unidad operativa cíber. Resiliencia Pero la ciberseguridad moderna no solo trata ya de prevenir que ocurra un incidente, sino de saber gestionar la incidencia en caso de que ocurra, de minimizar su impacto y de recuperarse en el menor tiempo posible. Debemos ser conscientes de que nuestros centros de procesos de datos y nuestras infraestructuras críticas van a ser objetivos a batir, por lo que disponer de infraestructuras resilientes que lo permitan será también un factor clave de éxito. Por último, y aunque parezca una utopía, debemos desarrollar capacidades ofensivas. Proteger y asegurar está bien, pero en el ciberespacio no basta con defender: hay que saber anticiparse, prever y disuadir. Y en algunas ocasiones, cuando sea necesario y de manera proporcional, hay que poder responder de la misma manera. Ante un panorama geopolítico incierto y frente a la amenaza real de un conflicto, resulta imprescindible consolidar una estrategia de ciberdefensa más ambiciosa, integrada y resiliente. España se enfrenta al reto de fortalecer su presencia en el ciberespacio y de desarrollar sus propias capacidades. Tenemos conocimiento y talento, pero preparar una fuerza para combatir en el ciberespacio requiere tiempo, dedicación, esfuerzos y dinero, así que estamos obligados a acelerar los procesos de transformación que nos permitan ser un actor verdaderamente preparado y relevante para una guerra cibernética. No, no es pequeña ni sencilla la tarea que hay por delante.
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