red seguridad segundo trimestre 2025 3 editorial La Unión Europea ha iniciado una nueva etapa marcada por el refuerzo de sus capacidades de defensa. El compromiso alcanzado en el seno de la OTAN para elevar el gasto militar hasta el 5 por ciento del PIB en 2035 exige a los Estados miembros un esfuerzo inversor sin precedentes. Este impulso presupuestario no solo se traducirá en armamento convencional, sino también en el desarrollo de capacidades vinculadas a la protección del ciberespacio. España, aunque mantiene cierta cautela respecto a los objetivos de gasto pactados, destinará este año 3.262 millones de euros (casi un tercio del incremento total previsto para defensa en 2025, que asciende a 10.471 millones) a nuevas tecnologías de telecomunicación y ciberseguridad, tal y como recoge el Plan Industrial y Tecnológico para la Seguridad y la Defensa. Una apuesta importante por reforzar sus infraestructuras digitales críticas y prepararse para un escenario de amenazas cada vez más complejo. El ecosistema de ciberseguridad nacional encontrará en este contexto una oportunidad para crecer y consolidarse. El mencionado plan español incluye inversiones en áreas estratégicas como la criptografía, el cloud soberano, la inteligencia artificial aplicada a la detección de amenazas, la ciberresiliencia o la creación de laboratorios especializados, entre otros muchos proyectos. No obstante, el verdadero reto reside en consolidar un tejido industrial y tecnológico sólido, capaz de desarrollar soluciones propias y de competir en un mercado global tremendamente exigente. La autonomía tecnológica será un factor determinante y, para conseguirla, será esencial reducir la dependencia de proveedores externos y fomentar la creación de capacidades nacionales en ciberdefensa. Por otro lado, el papel de las compañías estratégicas es clave. La guerra en Ucrania ha demostrado que las confrontaciones bélicas también se libran en el ciberespacio, donde los ataques a infraestructuras críticas o la destrucción de información pueden tener efectos devastadores. Frente a esta realidad, las grandes empresas deben dotarse de capacidades avanzadas en ciberdefensa. Pero este esfuerzo no puede recaer únicamente sobre el sector privado: requiere del acompañamiento del Estado y de una colaboración público-privada eficaz y efectiva que garantice la protección de los intereses nacionales. La ciberdefensa es claramente una cuestión estratégica. La inversión en tecnología debe ir acompañada de una visión industrial, planificación a largo plazo y cooperación entre Estado y empresas. Solo así Europa y España podrán garantizar su soberanía y seguridad en el ciberespacio. La hora de la ciberdefensa El reto reside en consolidar un tejido industrial y tecnológico sólido, capaz de desarrollar soluciones propias y de competir en un mercado global altamente exigente
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