Red Seguridad 114

86 red seguridad tercer trimestre 2026 opinión determinadas fases de un ataque y, al mismo tiempo, convertirse ellos mismos en una nueva superficie que proteger. Si un agente accede a documentación clínica, correo, agendas, aplicaciones corporativas o herramientas de administración, no bastará con proteger el modelo de IA. Habrá que proteger también su identidad, el contexto que recibe, las herramientas que puede invocar y las acciones que puede ejecutar sin aprobación humana. La inyección de instrucciones, el abuso de herramientas o una autorización excesivamente amplia adquieren entonces otra dimensión. No porque los principios defensivos sean nuevos, sino porque sí lo es el sujeto al que debemos aplicarlos. Mínimo privilegio, separación de funciones, trazabilidad, autorización explícita y supervisión humana en operaciones sensibles llevan décadas formando parte de la seguridad. Ahora debemos extenderlos a entidades capaces de actuar en nombre de una persona o de una organización. NIST está trabajando sobre identificación, autorización, auditoría y no repudio de agentes de software. OWASP ha dado un paso adicional con su Agent Control Standard, que plantea que los agentes empresariales deben ser inspeccionables, trazables y controlables en ejecución. Vigilar la autonomía Este cambio también obligará a evolucionar las operaciones de seguridad. Hasta ahora, un centro de operaciones de seguridad ha monitorizado principalmente usuarios, endpoints, servidores, aplicaciones, identidades y comunicaciones. A esa fotografía habrá que incorporar progresivamente agentes e identidades no humanas y, sobre todo, las acciones que ejecutan. Y no bastará con registrar que un agente actuó. Habrá que determinar si esa actuación era coherente con su función, su contexto y la autoridad delegada. Un agente que consulta cientos de registros puede estar haciendo aquello para lo que fue diseñado. Ese mismo agente accediendo de repente a información que nunca había necesitado, utilizando una herramienta diferente o encadenando acciones fuera de su patrón habitual puede ser una señal temprana de compromiso o abuso. La detección tendrá que avanzar desde la búsqueda de indicadores conocidos hacia una mayor comprensión del comportamiento. Eso exige combinar telemetría, inteligencia de amenazas, análisis contextual, automatización, ingeniería de detección e investigación humana. Para muchas organizaciones sanitarias no será razonable desarrollar internamente todas esas capacidades. Combinar equipos propios con capacidades externas de monitorización 24x7, investigación, inteligencia y respuesta puede aportar profundidad y velocidad sin trasladar fuera la responsabilidad sobre el riesgo. La clave no está en externalizar una responsabilidad. Está en garantizar una capacidad. Seguiremos necesitando copias de seguridad, segmentación, gestión de vulnerabilidades, planes de continuidad y procedimientos de respuesta. La IA no sustituye a los fundamentos; se construye encima de ellos. Pero a medida que los sistemas dejan de limitarse a almacenar y presentar información y empiezan también a interpretar, recomendar y actuar, cambia lo que significa protegerlos. En un hospital ya no será suficiente con preguntarnos si un sistema está disponible. Tendremos que saber si podemos confiar en lo que hace. Y cuando la tecnología participa más en la atención, esa confianza también forma parte de la seguridad del paciente.

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