Red Seguridad 114

84 red seguridad tercer trimestre 2026 opinión Durante años hemos explicado la ciberseguridad sanitaria a través de dos riesgos principales: el robo de información sensible y la indisponibilidad provocada por ataques como el ransomware. Ambos siguen siendo críticos. Pero la digitalización de la asistencia y la llegada de sistemas de inteligencia artificial (IA) capaces no solo de analizar, sino también de actuar, introducen una tercera dimensión: proteger la confianza en lo que hacen los sistemas. Una historia clínica inaccesible supone un problema evidente. También lo sería una identidad comprometida capaz de modificar información, una integración que entregue datos alterados o un agente de IA que, por una instrucción manipulada o permisos excesivos, ejecute una acción que nadie esperaba. La pregunta empieza así a cambiar. Ya no basta con saber si el sistema está disponible. Hay que saber si podemos confiar en él. Dos velocidades La sanidad vive hoy en dos velocidades. Por un lado, sigue expuesta a fallos conocidos. En marzo de 2025, el Centre Hospitalier Départemental Stell, en Francia, sufrió un ransomware después de que un atacante explotara una antigua cuenta de administrador reactivada para una auditoría, con acceso VPN y una contraseña débil. El caso recuerda que la sofisticación creciente de las amenazas no elimina la importancia de los fundamentos: identidad, privilegios, segmentación, vulnerabilidades, copias de seguridad y respuesta. Al mismo tiempo, el entorno cambia. La Agencia de la Unión Europea para la Ciberseguridad (ENISA) mantiene en 2026 al sector salud dentro de la denominada “zona de riesgo”, donde la criticidad supera su grado de madurez, aunque esta haya mejorado. Y su último Threat Landscape, construido sobre incidentes observados durante 2025, vuelve a situar el ransomware entre las amenazas de mayor impacto inmediato. Pero limitar la conversación al ransomware sería quedarse en la fotografía de ayer. A medida que hospitales y proveedores incorporan servicios cloud, dispositivos conectados, automatización e inteligencia artificial, crece también el número de identidades, dependencias y relaciones de confianza que deben protegerse. Por eso, prevenir ya no basta. Muchas intrusiones comienzan con pequeñas anomalías: una credencial utilizada de forma extraña, una elevación inesperada de privilegios, una comunicación poco habitual o un movimiento lateral que, considerado aisladamente, puede parecer inocuo. Detectar esas señales exige contexto. Aquí la propia inteligencia artificial puede convertirse en aliada de la defensa: correlacionando telemetría, enriqueciendo alertas, priorizando investigaciones y automatizando tareas repetitivas. Su valor no está en sustituir al analista, sino en multiplicar su capacidad para investigar y decidir con rapidez. El software decide La cuestión cambia de escala con la IA agéntica. Un agente no se limita necesariamente a generar una respuesta. Puede consultar fuentes, utilizar herramientas, planificar tareas y ejecutar acciones con un grado creciente de autonomía. Cuanto mayor sea esa autonomía, más importante resulta saber qué identidad utiliza, a qué información accede, con qué permisos opera y qué está autorizado a hacer. Conviene evitar el alarmismo. No estamos ante una oleada documentada de hospitales atacados por ejércitos de agentes autónomos. El cambio relevante es otro: los agentes pueden acelerar Cuando un ciberataque compromete la atención al paciente Néstor Carriba Rodríguez CRO de Aiuken Cybersecurity

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