Red Seguridad 114

82 red seguridad tercer trimestre 2026 opinión En plena era digital, la ciberseguridad se enfrenta al reto ineludible del avance de la computación cuántica, una evolución que comprometerá la eficacia de los sistemas de cifrado actuales. Y esta amenaza ya está aquí. Bajo la estrategia conocida como “cosechar ahora, descifrar después” (harvest now, decrypt later), los actores maliciosos ya están recopilando datos cifrados con vistas a descifrarlos más adelante, cuando las nuevas máquinas tengan la potencia de cálculo suficiente. Sin duda, la computación cuántica ofrece una gran capacidad de procesamiento para abordar problemáticas que hoy en día son de complicada resolución en áreas como la logística, la aeronáutica o la biotecnología, entre otras muchas. Sin embargo, esta potencia también puede traer serios retos para la criptografía convencional, sobre todo en lo que a protección de información confidencial se refiere. En este punto, la era cuántica obligará a las organizaciones a implantar de forma progresiva algoritmos de cifrado resistentes a este tipo de computación. Según un estudio de IBM Consulting, el 93,5 por ciento de las empresas españolas ya reconoce abiertamente este riesgo de seguridad directo para su organización. Sin embargo, solo el 10 por ciento ha empezado a auditar sus certificados digitales y sistemas de firma por la falsa percepción de que esto ocurrirá muy a largo plazo. Principios y objetivos Para hacer frente a esta amenaza latente, la criptografía poscuántica (PQC) se ha convertido en una prioridad. Diseñada como un conjunto de nuevos algoritmos criptográficos para soportar la potencia de los futuros ordenadores cuánticos, se centra específicamente en proteger la confidencialidad de los datos. Su objetivo es el de resistir el potencial de estas máquinas, capaces de aplicar las leyes de la física cuántica para explorar simultáneamente innumerables soluciones a un mismo problema técnico. El ámbito de aplicación natural de esta tecnología abarca cualquier entorno donde la seguridad sea un pilar básico. Esto incluye las comunicaciones, el almacenamiento en la nube, las transacciones financieras, las infraestructuras esenciales y los objetos conectados. Pese a este impacto generalizado, la prioridad recae en industrias específicas como la banca, completamente condicionada por la fiabilidad de las pasarelas de pago, o el sector salud, donde la vulneración de expedientes médicos tendría consecuencias críticas. Para estos mercados, adelantarse al desafío cuántico ya no es una alternativa, sino un imperativo estratégico irrenunciable debido al prolongado ciclo de vida y la estricta confidencialidad que exigen sus datos. De la teoría a la práctica La estandarización de la criptografía poscuántica progresa impulsada, principalmente, por el NIST (Instituto Nacional de Normas y Tecnología de EE.UU.) para certificar sistemas seguros frente a esta amenaza cuántica, definiendo tanto nuevos modelos matemáticos como directrices de configuración que eviten fallos operativos en su despliegue empresarial. Tecnológicamente, la transición descansa sobre dos pilares fundamentales. Por un lado, la hibridación, que superpone el cifrado tradicional con las nuevas soluciones poscuánticas para verificar su solidez a largo plazo sin arriesgar la seguridad actual. Por otro, la criptoagilidad, que define la capacidad de un sistema para reemplazar de forma inmediata cualquier algoritmo si se detecta una vulnerabilidad. Ambos principios guiarán las futuras regulaciones técnicas según cada escenario de uso. Paralelamente, el mercado avanza a velocidades desiguales. Mientras los El desafío de la adopción de la criptografía poscuántica Borja Pérez Country Manager de Stormshield Iberia

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