Red Seguridad 114

red seguridad tercer trimestre 2026 57 IA monográfico reducirse a proteger determinados sistemas informáticos. Hay que entender las dependencias existentes, los activos críticos, los procesos y también las consecuencias que tendría una interrupción. En entornos industriales y operacionales, además, determinados riesgos siguen estando muy lejos del debate sobre la IA. Un dispositivo extraíble, una conexión no autorizada o una transferencia de información entre dos entornos pueden convertirse en un problema independientemente de que detrás exista o no inteligencia artificial. Nuevas amenazas La aparición de nuevas amenazas no hace desaparecer las anteriores. Este punto es importante porque existe el riesgo de construir una visión de la ciberseguridad excesivamente centrada en las amenazas más novedosas. Mientras hablamos de agentes autónomos y modelos capaces de ejecutar tareas cada vez más complejas, siguen existiendo credenciales comprometidas, errores de configuración, software vulnerable, accesos físicos, dispositivos no autorizados, terceros comprometidos y fallos humanos. La inteligencia artificial puede modificar la forma de explotar o detectar muchos de estos riesgos, pero no elimina su existencia. Algo parecido sucede con la propia información. Proteger los datos mientras están almacenados, circulando o siendo utilizados es solo una parte del problema. También hay que preguntarse qué ocurre cuando dejan de ser necesarios. Un equipo puede retirarse, reutilizarse, cambiar de propietario o abandonar una organización. Un sistema puede sustituirse y un dispositivo puede pasar de un entorno crítico a otro de menor nivel de seguridad. En todos esos casos, la seguridad no consiste únicamente en impedir accesos mientras la información está en uso. También es necesario garantizar que los datos que ya no deben estar disponibles dejan realmente de estarlo y, cuando las circunstancias lo requieren, poder demostrar que el proceso se ha realizado correctamente. La seguridad debe contemplarse, por tanto, durante todo el ciclo de vida de los activos y de la información. Desde su incorporación hasta su retirada. Todo esto no significa que las organizaciones deban esperar para adoptar inteligencia artificial. Al contrario. Una organización con un grado de madurez suficiente puede obtener un enorme valor de estas tecnologías: reducir tiempos de análisis, detectar relaciones que pasarían inadvertidas, ayudar a los analistas a investigar incidentes o automatizar tareas repetitivas. En estos casos, la IA puede convertirse en un verdadero multiplicador de las capacidades del equipo. Para una organización que todavía desconoce parte de sus activos, mantiene sistemas sin actualizar, carece de una segmentación suficiente o no ha definido cómo responder ante un incidente, las prioridades deberían ser distintas. Introducir la tecnología más sofisticada disponible antes de resolver esas carencias equivale a instalar un sistema domótico de última generación en una casa cuya puerta todavía no cierra correctamente. Eso tampoco significa ignorar la inteligencia artificial. Significa comprenderla, evaluar sus riesgos, formar a los equipos y preparar una estrategia para utilizarla cuando realmente aporte valor. Más IA El futuro de la ciberseguridad tendrá inevitablemente una presencia creciente de la IA. Los atacantes la utilizarán y los defensores también. La cuestión ya no es si formará parte de ambos lados, sino hasta qué punto modificará la velocidad, la escala y la accesibilidad de determinadas capacidades. Al mismo tiempo, habrá que prestar atención a un nuevo reto: la propia IA también debe ser protegida. A medida que estos sistemas tengan acceso a más información, herramientas y capacidad de actuación, será necesario definir qué pueden hacer, sobre qué datos pueden operar, quién puede utilizarlos y cómo se supervisan sus decisiones. Cuanta más autonomía otorguemos a estos sistemas, mayor importancia tendrán los controles que los rodean. La conclusión, por tanto, no debería ser “IA sí” o “IA no”; debería ser IA cuando toca. Porque en ciberseguridad la innovación es imprescindible, pero también lo es entender que ninguna tecnología puede sustituir unos buenos cimientos. La IA puede ayudarnos a proteger mejor, a detectar antes y a responder más rápido. Pero antes de pedirle que proteja una organización, hay que asegurarse de que esa organización sabe qué tiene, qué necesita proteger y cómo hacerlo. En ciberseguridad, es imprescindible entender que ninguna tecnología puede sustituir unos buenos cimientos

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