red seguridad segundo trimestre 2026 3 editorial El lanzamiento de Mythos ha abierto la caja de Pandora de los riesgos que trae consigo la inteligencia artificial (IA). Si este nuevo modelo avanzado de Anthropic tiene realmente todas las capacidades que se le atribuyen (a tenor del revuelo en instituciones y empresas, desde la UE a los grandes bancos, parece que así es) y no existen todavía mecanismos efectivos de contención, estamos ante la constatación de un nuevo paradigma en ciberseguridad. Mythos es solo la punta de un iceberg que evidencia el surgimiento de una IA ofensiva capaz de automatizar el descubrimiento de vulnerabilidades y lanzar ataques a una velocidad inédita. Una de las partes que no se ven serían otras tecnologías similares silentes desarrolladas en países como China, cuyas capacidades reales permanecen fuera del alcance de los analistas occidentales y que probablemente no presenten tantas restricciones como las que ha establecido Anthropic. Frente a ello, la defensa proactiva ya está tomando forma como escudo frente a amenazas y vulnerabilidades en tiempo real. Un desafío técnico, organizativo y humano que tendrá que correr a velocidad suficiente para hacer frente a los avances de los actores maliciosos. En este complejo escenario, la normativa jugará un papel esencial en dos sentidos: para establecer frenos a las amenazas procedentes de la inteligencia artificial, pero sin que ello suponga un freno a la innovación. Esto último es tan importante como lo primero en este momento en el que la Unión Europea quiere alcanzar un cierto nivel de soberanía tecnológica. Si la regulación impone excesivas trabas a los desarrolladores de soluciones de ciberseguridad, se corre el riesgo de desarmar digitalmente a las organizaciones frente a los atacantes que operan sin restricciones de ningún tipo. El equilibrio regulatorio es complejo, pero imprescindible para garantizar la resiliencia sin asfixiar la capacidad de respuesta tecnológica de la industria. En definitiva, la realidad actual confirma que asistimos a un cambio de era tecnológica sin marcha atrás, donde queda patente que ningún Estado ni empresa es capaz de protegerse de manera aislada frente a un entorno tan hostil. La viabilidad de la seguridad digital dependerá, por tanto, de la capacidad de articular una respuesta colectiva y coordinada frente a un desafío que está aquí para no desaparecer. El cambio de era no es un mito Mythos es solo la punta de un iceberg cuya parte invisible esconde otros modelos y tecnologías similares que están fuera del alcance de los analistas occidentales
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