red seguridad cuarto trimestre 2025 3 editorial En un momento en el que la ciberseguridad evoluciona más rápido de lo que las organizaciones pueden asimilar, el sector se enfrenta a numerosos desafíos. Pero tres de ellos marcan especialmente el presente y definirán el rumbo de los próximos años: la irrupción de la inteligencia artificial y sus implicaciones en la ciberseguridad, los cambios normativos –especialmente derivados de la transposición de la Directiva NIS2– y la necesidad de avanzar hacia una verdadera soberanía digital europea. Tres ejes que configuran un escenario que exige visión estratégica, inversión sostenida y colaboración. La inteligencia artificial (IA) es uno de los principales retos actuales y uno de los factores que más condicionarán el futuro. Organismos como ENISA o el World Economic Forum alertan de la complejidad que esta tecnología introduce en la ciberseguridad, tanto desde la perspectiva de la amenaza como de la defensa. Por un lado, la IA generativa y la automatización están facilitando el desarrollo de herramientas y operaciones maliciosas de alto impacto. Por otro, las empresas comienzan a incorporar la IA en sus sistemas defensivos, aunque hacerlo con prisas puede ser contraproducente. Las organizaciones que se apresuran a incorporar la IA sin evaluar bien sus implicaciones incurrirán en gastos sin retorno y en probables deficiencias de implementación. Otro tema clave es el normativo, especialmente con la inminente aprobación del anteproyecto de Ley de Coordinación y Gobernanza de la Ciberseguridad. Esta norma transpondrá en España la Directiva NIS2 y ocupará a entidades públicas y privadas en un profundo proceso de adaptación. Probablemente, cuando este concluya, será necesaria una nueva actualización legislativa, dada la rapidez con la que evoluciona la ciberseguridad. En paralelo, avanzará la adaptación a otras regulaciones y el desarrollo de la nueva Estrategia Nacional de Ciberseguridad que prepara ya el Consejo Nacional de Ciberseguridad, asuntos que marcarán la agenda del sector en los próximos años. Por último, destaca la creciente preocupación en torno a la soberanía digital, que dependerá de las decisiones de la Unión Europea. En un contexto geopolítico y económico complejo, Europa debe aspirar a una mayor independencia tecnológica, capacidad de negociación y autosuficiencia. Objetivos aún lejanos, pero cada vez más urgentes, que requerirán años de trabajo e inversión, así como la implicación conjunta de los Estados y del ecosistema tecnológico. Tres retos presentes de largo recorrido Tres asuntos ocuparán especialmente al sector de la ciberseguridad en los próximos años: inteligencia artificial, normativa y soberanía digital
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