64 red seguridad tercer trimestre 2025 monográfico acceso seguro Vivimos una situación en la que no debería bastar que una llamada de un jefe o de un familiar sea motivo suficiente para hacer un Bizum o firmar una transferencia. Debemos ser conscientes de que el delincuente sabe de nuestra vida tanto o más que nosotros mismos, y que, por ende, debemos desconfiar y empezar a pensar dos veces todo aquello que hacemos y que la tecnología nos había puesto tan fácil. Conciencia digital Llegados a este punto, ¿hay algo que podamos hacer? Mucho me temo que lo que ya hemos regalado no lo podemos recuperar y, en consecuencia, debemos prepararnos para que cualquier malhechor lo utilice en nuestra contra. Hay que tomar medidas para que no consiga su objetivo y provocar así que no le sirva de mucho toda la información que ya posee. Hoy, más que nunca, hablar de acceso seguro es hablar de conciencia digital. Porque las herramientas existen, pero el verdadero cambio empieza por dentro. Cada clic cuenta, cada validación importa. Y la diferencia entre ser víctima o estar protegido muchas veces está en una decisión cotidiana. Concienciar no es infundir miedo: es ayudar a pensar antes de actuar. Empresas, administraciones y ciudadanos compartimos el reto y también la solución: revisar prácticas, cuestionar automatismos y construir entornos donde la seguridad no sea una traba, sino una garantía. Queda mucho por hacer, pero nunca ha sido tan urgente empezar. Por encima de todo, debemos proteger a las nuevas generaciones y evitar que repitan el camino que, de manera irresponsable, hemos transitado nosotros. Es el momento de que, desde nuestras casas y desde los colegios, empecemos a concienciar y enseñar a nuestros hijos que hay otra forma de hacer las cosas. Que, como decía el gran Angelucho, su seguridad empieza por utilizar el mejor antivirus que existe: el sentido común. Tenemos la obligación de mostrarles un camino en el que su identidad y su privacidad, puestos a buen recaudo, sean la base de su seguridad en el futuro. Debemos enseñarles a hacer de Internet una red más segura. Y con la mayor de las humildades quiero terminar con la frase de mi maestro: nunca olvidemos que “Nosotros somos nuestra peor vulnerabilidad, pero también nuestro mejor antivirus.” Nuestra principal preocupación no debería ser si nos pueden robar datos personales o credenciales porque ya los tienen
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